Humildad y pobreza

SERAFÍN ALCÁZAR / 

Diario ABC. Día 29/10/20

 

Doña Ana García, que es la secretaria general de una asociación denominada Sindicato de Estudiantes, que no cumple el requisito fundamental para ser un sindicato –estar formada por trabajadores-, ha acusado al ministro Wert de tratar de «evitar a toda costa que los estudiantes de familias humildes puedan estudiar» «¡Nos castiga por ser pobres!», ha sentenciado.

Es curioso, pero a pesar de que el castellano, a diferencia de otros idiomas, distingue claramente los verbos ser y estar, existe la costumbre, a mi entender tributaria de ciertas ideologías, de utilizar la expresión «ser pobre», cuando debiera utilizarse la de «estar pobre». Y esto porque, le guste a doña Ana o no, el Estado liberal acabó con los estamentos o clases cerradas, permitiendo que uno mejore su condición social, por ejemplo, adquiriendo conocimientos que puedan ser rentables en el futuro. Bien es cierto que la adquisición de conocimientos exige cierto grado de humildad –de carácter, no de condición– por parte del alumno, y no es eso lo que demuestra el hecho de que un educando se crea en el derecho de imponer cómo ha de ser educado.

 

 

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